viernes, 5 de febrero de 2021

8 consejos de una experta para atreverte a cambiar de carrera profesional (y cómo influye tu edad)

febrero 05, 2021 0

 


Mujer con una caja
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2021 podría ser el inicio de una transición laboral.

En los últimos 20 años, la académica de origen cubano Herminia Ibarra se ha dedicado a estudiar los cambios de carrera.

Tras conversar con ella y leer sus textos, es claro que difícilmente encontrarás un tren bala que te lleve, en primera clase, a la carrera que sueñas.

Pero bien vale la pena embarcarse en el fascinante viaje que va más allá de lo laboral.

Ibarra es profesora de Comportamiento Organizacional en la London Business School (Escuela de Negocios de Londres) y enseñó en la Universidad de Harvard (EE.UU.) y en el Instituto Europeo de Administración de Empresas (INSEAD, por sus siglas en francés).

"Para Ibarra, el cambio de carrera no es algo que ocurre de una sola vez en un momento dado, sino que es un proceso psicológico de transición".

Es miembro de la Academia Británica y autora de Act Like a Leader, Think Like a Leader ("Actúa como un líder, piensa como un líder") y Working Identity.

Cuenta que su experiencia e investigaciones le han enseñado algunos principios que pueden ser útiles para quienes buscan reinventarse profesionalmente.

Con su ayuda y conocimiento, te presentamos ocho ideas para que consideres si estás pensando en cambiar de carrera:

1. No creas que hay que correr, toma tiempo

En el transcurso del año pasado, Ibarra condujo varios seminarios web y uno de los planteamientos que les hizo a los asistentes es si la pandemia los había hecho pensar en cambiar de carrera.

Herminia Ibarra
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Herminia Ibarra es profesora de la London Business School.

"De hecho, hice uno hace un par de semanas y formulé la misma pregunta, y pareciera que la situación actual está haciendo que la gente piense en la posibilidad de cambiar de carrera incluso más que lo que lo hizo en el pasado", cuenta.

"Pero, claro, se preguntan si es un buen momento". Y es que a menudo nos sentimos reacios a tomar riesgos.

Por eso, indica, es clave entender que cambiar de carrera es algo que toma tiempo: "Nadie salta a lo desconocido, a menos que tenga que hacerlo".

"Cambiar de carrera siempre es un proceso muy largo de exploración de posibilidades y de aprendizaje sobre lo que realmente quieres".

También se trata de establecer redes y de adquirir nuevas destrezas.

"Todo eso se desarrolla durante un período de tiempo antes de que una persona pueda sentirse lo suficientemente cómoda como para decir: 'Está bien, ahora puedo dejar mi trabajo o ahora puedo hacer este cambio porque sé en lo que me estoy metiendo y creo que saldrá bien'".

2. Es mucho más que un cambio de rol

Sobre la cuestión de si un cambio de carrera implica "reinventarse", Ibarra responde que "es una manera indudable de hacerlo".

"Es reinventarte porque lo que haces está fuertemente anclado a tu identidad, a lo que te sirve de base para definirte a ti mismo", explica.

Hombre saltando
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"Nadie salta a lo desconocido, a menos que tenga que hacerlo", indica Ibarra.

"Cuando estás cambiando eso, estás desafiando tu sentido, tu idea de ti mismo".

Se trata de un proceso en el que te das cuenta de que el "quién eres" no está en sintonía con el "quién quieres ser", que el "quién eres" es una idea que "de cierta manera no ha funcionado o necesita cambiar o reformarse".

"Es un cambio de identidad y no simplemente un cambio de rol", reflexiona.

3. Sé creativo: imagínate cómo serías

En abril, Ibarra escribió el artículo Reinventing Your Career in the Time of Coronavirus ("Reinventando tu carrera en el tiempo del coronavirus"), en Harvard Business Review.

Mujer pensando
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Tómate el tiempo para hacer el ejercicio creativo de pensar en quién te quieres convertir.

En el artículo, señala que "incluso en tiempos más felices, un cambio de carrera nunca ha sido un proceso perfectamente lineal".

"Es un viaje de exploración necesariamente desordenado", en el que hay que probar y aprender de "una gama de posibles yos".

Se trata de "ideas que todos tenemos y que giran en torno a quienes quisiéramos convertirnos".

Si bien algunas son concretas, otras son difusas. "Algunas son realistas; otras son pura fantasía".

El ejercicio de imaginarte no sólo a ti mismo, sino escenarios futuros es importante en el enrevesado camino que recorrerás para cambiar de carrera. No lo subestimes.

"Acepta ese proceso y explora tantos (yos y futuros) como puedas", recomienda Ibarra.

4. Tu edad te da luces

Recientemente, Ibarra dictó el seminario web "Cómo cambiar de carrera a los 30, 40 y 50+", en el que exploró cómo ese proceso difiere en las distintas etapas de nuestra vida.

"Al principio de nuestras carreras, y lo sabemos por muchas investigaciones, los factores extrínsecos importan más: el salario, la seguridad, la posibilidad de promoción para ascender en una jerarquía determinada", cuenta la experta en nuestra entrevista.

Hombre pegando papeles en un vidrio
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Tras décadas trabajando, muchas personas buscan compartir sus experiencias y conocimientos con otros.

Pero el peso que les damos a esos aspectos "tiende a declinar con la edad".

Cuando comenzamos nuestras carreras, "tenemos que construir nuestra credibilidad, crear nuestras credenciales y, luego, cuando envejecemos, lo que más nos importa tiene que ver con la autonomía y el criterio (…) y con ser capaces de darle uso a nuestra experiencia, nuestras fortalezas, a lo que nos gusta hacer y lo que hemos aprendido".

Al inicio, estamos aprendiendo sobre nosotros mismos: quiénes somos, en qué somos buenos, qué queremos, qué nos gusta.

"A medida que avanzamos y envejecemos, nuestro sentido de nosotros mismos se va cristalizando cada vez más. Eso lleva a las personas, especialmente de 50 y mayores a buscar un contexto en el que puedan agregar valor y causar un impacto en sus propios términos".

"Esa es probablemente la mayor diferencia".

Pero hay algo que no cambia con la edad: "Una de los aspectos interesantes que vimos en ese seminario es que (en materia laboral) lo más valioso que buscan las personas es un trabajo que les dé un sentido, que tenga un significado para ellos y ese es un factor que se mantiene como una constante en todas las edades".

"Hacer algo que tiene sentido para ti es muy importante".

5. Tu familia te quiere, pero necesitas a alguien lejano

"En mi investigación, descubrí que cuando buscas hacer grandes cambios de carrera, los amigos, la familia y los contactos cercanos tienden a desanimarte en lugar de alentarte porque les cuesta imaginarte de otra manera, porque temen lo que ese cambio puede significar para ti. Ya han desarrollado una visión fija de quién eres, te han encasillado".

Mujer escuchando
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Escuchar lo que personas que no pertenecen a tu entorno dicen de tus ideas puede resultar muy útil.

Y a esa tendencia, un tanto protectora, se une un aspecto bastante realista: "Tampoco tendrán muchas ideas (diferentes) para ofrecerte", pues forman parte de la esfera que ya conoces.

Por eso, es fundamental ampliar tu red de contactos, no solo para conseguir empleo en otros contextos, sino también para estar en comunicación con personas que no son cercanas y que te pueden animar a explorar diferentes posibilidades.

En su artículo, Ibarra los denomina "lazos débiles" en oposición a los "lazos fuertes" que constituyen nuestros parientes, amigos y colegas.

Se trata de relaciones que tenemos con personas que "no conocemos bien o no vemos con frecuencia", pero que nos pueden ayudar a aprender cosas nuevas, aunque no siempre tengan la motivación de hacerlo.

Un punto medio entre ambos tipos de vínculos son los "lazos dormidos", que son las relaciones con las personas con las que alguna vez tuvimos cercanía, pero que en años recientes nos distanciamos.

6. Explora lo que te gusta dentro y fuera de tu trabajo

En medio de una pandemia que ha tenido efectos dramáticos no sólo en familias y sistemas sanitarios, sino en cientos de negocios en todo el mundo, cambiar de carrera puede llegar a ser abrumador.

Mujer frente a una computadora
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Puedes explorar qué oportunidades hay de hacer lo que te gusta dentro de la organización en la que ya te encuentras.

Ibarra lo explica en su artículo: "Incluso para quienes somos lo suficientemente afortunados de no estar enfermos, de no tener que cuidar a otros que sí lo están o luchar para llegar a fin de mes, la pandemia ha aumentado la incertidumbre y nos ha tomado desprevenidos en lo psicológico, financiero e infraestructural".

"La situación se siente amenazadora. Y, como han demostrado los psicólogos, las situaciones amenazadoras nos impulsan a comportarnos de forma conservadora, lo contrario de lo que se requiere cuando estamos considerando un cambio de carrera".

Además muchas personas han invertido tiempo, esfuerzo y recursos en construir sus carreras actuales.

Así que surge la cuestión de si es posible ser feliz y trabajar en algo que ya no es de nuestro agrado.

"No creo que eso sea algo que realmente deba manejarse: si te sientes feliz o no", señala la experta. "Creo que puedes gestionar cómo haces tu trabajo para que se adapte a lo que te gusta".

Un ejecutivo frente a varios caminos
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El camino hacia una nueva carrera no siempre es lineal, ni directo.

"Una forma de conseguirlo es tratar de encontrar tiempo y espacio para encajar lo que más te gusta hacer dentro del espectro de tu trabajo y de tu organización".

"Otra forma de hacerlo es decir: 'Bueno, esto es un trabajo, no puedo cambiarlo ahora mismo, pero voy a invertir tiempo en actividades extracurriculares que me gustan', lo cual se puede conseguir a través de voluntariados u otro tipo de proyectos".

Y es que, en parte, los estudios de Ibarra se han enfocado en analizar "qué pasa a medida que crece la sensación de insatisfacción de la gente con lo que hace y cómo eso puede ser el generador de un cambio".

"Si eso está sucediendo", advierte, "¿qué puedes hacer para crear alternativas?".

7. Desarrolla nuevas habilidades

Si bien los confinamientos y las medidas de distanciamiento social hacen que muchas posibilidades se vean limitadas, para algunas personas, las circunstancias actuales han sido un impulso para tomar la decisión de hacer cursos online, escuchar ponencias en internet y participar en seminarios web con el objetivo de adquirir nuevos conocimientos y habilidades.

Y también se han unido a proyectos.

Mujer da bolsa de comida a un hombre
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Proyectos comunitarios y voluntarios son una gran oportunidad para conocer nuevas personas y realizar otro tipo de actividades fuera de lo laboral.

Como lo indica Ibarra en su artículo, no es necesario que sólo escojamos actividades que formen parte del dominio de la carrera a la cual queremos hacer la transición.

Insiste en la idea de un voluntariado o de una iniciativa comunitaria de las muchas que se están desarrollando para hacerle frente a la crisis actual.

No sólo será gratificante, sino que hacer un "trabajo nuevo y diferente con personas nuevas y diferentes" nos abre una ventana de oportunidades, no sólo externas sino de exploración interior.

De hecho, una de las recomendaciones de la experta es hacer autorreflexión en voz alta y, el poder compartir con un grupo, ya sea físicamente con las medidas de distanciamiento social o a través de una plataforma digital, es una excelente oportunidad para ello.

Eso te permite exteriorizar tus pensamientos: por qué quieres cambiar de carrera y qué carrera quieres y darles un impulso, pues alguien te está escuchando.

Y es posible que llegues a conocer a un potencial mentor o, incluso, que te conviertas en uno.

8. Determina qué es lo que no te está gustando

El descontento con el trabajo no siempre viene dado por lo que se hace.

Ilustración de mujer confundida
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Si no estás contenta en tu trabajo, trata de precisar de qué se trata para que puedas explorar las posibilidades de inducir un cambio.

La empresa, con sus valores y su cultura, puede ser una razón que haga que muchas personas sientan que no están en un "buen barco", indica la académica.

"También puede ser que no les agradan sus compañeros".

"Hay muchas razones y creo que es importante que la gente entienda qué es lo que no le gusta, pues, de esa manera, pueden emprender buenos cambios", explica la autora.

"En algunos casos, quieren un nuevo desafío; en otros, su trabajo ha sido reducido o incluso eliminado y ya no le ven los mismos beneficios".

Determinar qué es lo que nos está incomodando es clave antes de tomar la decisión de cambiar de carrera.

Y es que, de acuerdo con Ibarra, en la mayoría de los casos no hay que llegar a esa decisión.

"No estás contento y debes explorar posibilidades: empiezas a conectarte con otras personas, a crear redes, a asumir proyectos y a construir otra faceta de ti mismo y, con suerte, eso te lleva a una oferta de trabajo o a una oportunidad de negocios".

"Y la mayor parte de la gente acepta cuando se hace obvio que es mejor que donde se encuentran".

Y si solo quieres un cambio de rol, ten presente la "paradoja de la autenticidad"

En 2015, Ibarra escribió el artículo The Authenticity Paradox ("La paradoja de la autenticidad") en Harvard Business Review, cuya primera línea dice: "La autenticidad se ha convertido en el estándar de oro para el liderazgo".

Bolitas de colores
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En procesos de transición hacia posiciones de liderazgo, la autenticidad es tan importante como la adaptibilidad.

Han pasado cinco años ¿la paradoja sigue existiendo?

"Sí", responde. "Se trata de algo a nivel individual, no social".

"La paradoja se presenta cuando la gente está intentando hacer algún cambio o cuando recibe mensajes de que necesita adaptarse o modificar algunos aspectos de lo que hace, especialmente si se está moviendo hacia nuevos roles (dentro de una organización)".

"En ese contexto, algunas personas pueden desarrollar una tendencia muy conservadora: 'No puedo hacer eso, ese no soy yo. Tengo que ser yo mismo'. Y esa actitud debe ser examinada porque, en algunos casos, es simplemente estar a la defensiva" y arraigarse a un enfoque proteccionista.

La autenticidad es muy importante, reflexiona la profesora, pero como plantea en el artículo: ¿ser tú mismo significa que no puedes cambiar, que tienes que ser como siempre has sido?

"Si ese es el caso, hay un problema con la forma como se define la autenticidad".

De hecho, uno de los párrafos de su artículo lo dice con claridad:

"Debido a que ir en contra de nuestras inclinaciones naturales puede hacernos sentir como impostores, tendemos a aferrarnos a la autenticidad como una excusa para apegarnos a lo que es cómodo. Pero pocos trabajos nos permiten hacer eso por mucho tiempo. Eso es doblemente cierto cuando avanzamos en nuestras carreras o cuando las demandas o expectativas cambian (…)" y así lo han descubierto muchos ejecutivos.

En nuestra conversación, lo enfatizó: no existe ninguna contraposición entre ser nosotros mismos y adaptarnos.

"Ser autentico significa que estás creciendo, aprendiendo y adaptándote a medida que avanzas".

Y es que es importante concebir nuestras identidades profesionales desde una perspectiva evolutiva, "work in progress", en la que aprendemos a través del ensayo y el error, en la que crecemos experimentando.

FUENTE

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martes, 2 de febrero de 2021

El arte de la tutoría académica

febrero 02, 2021 0

 El premio Nobel Robert Lefkowitz comparte 10 reglas de oro obtenidas de medio siglo de tutoría a cientos de investigadores en formación.

 
26 de enero de 2021
 
RUDALL30 / ISTOCK / GETTY IMAGES PLUS

La parte más significativa de mi carrera profesional ha sido asesorar a jóvenes académicos y verlos desarrollarse. He sido mentor de más de 200 aprendices, y un gran porcentaje de ellos ha disfrutado de carreras de gran éxito en la academia o la industria. Muchos han ganado importantes premios de investigación y uno incluso ha recibido el Premio Nobel. Debido a este historial, a menudo me han preguntado: ¿Cómo lo haces? ¿Cuál es su fórmula secreta para producir generación tras generación de científicos destacados?

Durante muchos años, esas preguntas me desconcertaron. No tenía una fórmula secreta para ser mentor. De hecho, en mis primeras dos décadas dirigiendo mi propio laboratorio, apenas pensé en la tutoría. A Yogi Berra, el legendario receptor de los Yankees, le preguntaron una vez qué pensaba al batear, y su respuesta fue: "¿Cómo vas a pensar y batear al mismo tiempo?" Eso era exactamente lo que sentía acerca de la tutoría. No estaba pensando en eso, solo estaba investigando y tratando de exhortar a los estudiantes de mi laboratorio a que me acompañaran en el viaje.

Sin embargo, a lo largo de los años, me he vuelto más consciente de mi enfoque de tutoría. He aprendido mucho de mis éxitos como mentor, así como de mis fracasos como mentor, y acumulé toda una vida de sabiduría en esta área. No soy tan presuntuoso como para creer que he descubierto la única forma verdadera de ser mentor, pero sé lo que funciona para mí. Después de medio siglo de ser mentor de cientos de aprendices, aquí están mis 10 reglas de oro para ser un buen mentor.

1. Adapte la tutoría a las necesidades de cada individuo. Cada alumno es diferente. Algunos necesitan una palmada diaria en el hombro; algunos necesitan una patada en los pantalones. Por esta razón, siempre he personalizado mi estilo de mentoría para cada individuo que se une a mi grupo. A veces, esto significa cambiar mi enfoque por un tiempo hasta encontrar lo que funciona para cada persona. Obviamente, tal adaptación personalizada del estilo de tutoría requiere conocer muy bien a los miembros de mi laboratorio, por lo que veo la charla diaria no simplemente como un intercambio de cortesías, sino como una oportunidad crucial para conocer a los miembros personales de mis colegas más jóvenes. historias y comprender lo que las motiva y las emociona.

La tutoría también debe adaptarse a la personalidad del mentor. Las estrategias específicas que funcionan para mí como mentor pueden no funcionar para otra persona. Por ejemplo, soy una persona sociable y sociable. Me encantan las reuniones cara a cara y anhelo el contacto constante con los miembros de mi grupo. Sin embargo, conozco a algunos científicos que son mucho más reservados pero siguen siendo grandes mentores. Es posible que prefieran la comunicación regular con sus alumnos por correo electrónico u otras formas de comunicación por escrito. Cada mentor tiene que encontrar los enfoques específicos que funcionen para ellos, por lo que he elaborado los nueve preceptos restantes a continuación como pautas generales en lugar de reglas detalladas.

2. Fomente el enfoque. Cada vez que un nuevo aprendiz se une a mi grupo, me reúno con ellos el primer día y les doy dos consejos, comenzando con "Su éxito en mi laboratorio estará determinado por cuatro factores: el primero es el enfoque, el segundo es el enfoque, el el tercero es el enfoque y el cuarto es ... el enfoque ". En la investigación, como en cualquier esfuerzo creativo, un joven ambicioso puede avanzar en cualquiera de las innumerables direcciones. Veo mi trabajo principal como ayudar a mis alumnos a concentrarse en direcciones productivas e interesantes. Todo lo demás es secundario al enfoque.

Cuando era estudiante de medicina, tenía un microscopio viejo que compré por una miseria a un estudiante mayor que ya no lo necesitaba. Usé este microscopio en mis clases y también en mi dormitorio para estudiar para los exámenes. Este microscopio antiguo estaba tan estropeado que el escenario siempre se deslizaba, lo que hacía que el telescopio se desenfocara cada pocos segundos. Con el tiempo, me volví experto en mantener el microscopio enfocado manteniendo mis dedos en la perilla de ajuste fino y ejerciendo la cantidad justa de presión. Muchos años después, me di cuenta de que mi trabajo más importante como mentor es administrar mis aprendices de la misma manera que manejaba ese microscopio: ejerciendo constantemente la cantidad justa de presión para mantener las cosas enfocadas.

Siempre que viajo durante una semana, descubro a mi regreso que ciertos proyectos en el laboratorio se han desenfocado. Quizás hubo un hallazgo sorprendente que llevó a un aprendiz por un camino lateral, lo que resultó en una serie de experimentos no planificados. A veces, las carreteras secundarias pueden conducir a nuevos descubrimientos, pero lo más común es que conduzcan a callejones sin salida. Cuando hablo con un estudiante que está dando vueltas en un callejón sin salida, le digo: “Recordemos el objetivo general de este proyecto. ¿De qué manera lo que está haciendo ahora mismo ayuda a alcanzar ese objetivo? " A través de la discusión, el estudiante generalmente se dará cuenta de que ha perdido el enfoque y se distrajo con detalles insignificantes. Mi objetivo en tales conversaciones es ejercer suavemente la cantidad correcta de presión sobre la perilla de ajuste fino para mantener al alumno enfocado, tal como solía hacer con mi antiguo microscopio.

3. Aviva las llamas del entusiasmo. El segundo consejo que doy a los nuevos miembros de mi laboratorio en su primer día es, “Usted puede trabajar en cualquier proyecto que desee, siempre y cuando se cumplan dos condiciones: la primera es que se debe ser muy entusiasmado con su proyecto y la segunda es que yo debería estar muy entusiasmados con el proyecto “. Esas dos condiciones no son suficientes para que un proyecto determinado tenga éxito, pero son necesarias. La investigación es un 90 por ciento de fracaso, por lo que es fácil para los estudiantes desanimarse cuando su proyecto no va bien. Un papel vital para los mentores es mantener a los aprendices animados para que puedan superar los momentos difíciles y mantener su enfoque.

Muchos años después de que uno de mis postdoctorados se fuera a la Universidad de Cornell para dirigir su propio grupo de investigación, me confió que durante el tiempo que estuvo conmigo sintió que estaba trabajando en el proyecto más importante del laboratorio. Sin embargo, al hablar con otras personas en el laboratorio en ese momento, se dio cuenta de que cada uno de ellos también creían que seestaban trabajando en el proyecto más importante. Y, en verdad, cuando estaba hablando con cada una de esas personas sobre sus experimentos en los primeros días de mi laboratorio, probablemente creí en el momento en que cada proyecto era el más importante. No estaba fingiendo, estaba auténticamente emocionado y transmití esta pasión a mis estudiantes de una manera que avivó las llamas de su entusiasmo. Tales delirios de grandeza compartidos entre mentor y aprendiz pueden ser motivadores muy poderosos para los jóvenes académicos y pueden conducir a logros más allá de lo que ellos creían posibles.

El entusiasmo debe equilibrarse con el rigor. Mis dos primeros mentores, Jesse Roth e Ira Pastan en los Institutos Nacionales de Salud, representaron la personificación de estos dos ideales. Jesse era el Sr. Entusiasmo: él ooh y ahh sobre casi cualquier dato que le mostrara. Por el contrario, Ira casi nunca se emocionaba. Cuando le mostraba los datos, me interrogaba sobre si había incluido los controles adecuados. En la parte superior de su cabeza, Ira podría nombrar 10 razones diferentes por las cuales cualquier resultado dado podría ser un artefacto completo. Años más tarde, cuando me convertí en mentor, hice todo lo posible por combinar el entusiasmo de Jesse con el rigor de Ira. Los alumnos necesitan ambos ingredientes para prosperar.

4. Enseñe a los alumnos a construir sus carreras en torno a problemas, no técnicas. A veces, los alumnos aprenden una nueva técnica y luego pasan los próximos meses o años, o en algunos casos toda su carrera, buscando otros problemas a los que pueden aplicar la técnica recién aprendida una y otra vez. Ese es exactamente el enfoque equivocado para desarrollar una carrera en investigación o, de hecho, en cualquier campo creativo. Las técnicas cambian constantemente a medida que evolucionan las nuevas tecnologías. Por lo tanto, los mentores deben aconsejar a sus alumnos que hagan preguntas generales sobre problemas importantes y luego intenten responder esas preguntas utilizando las técnicas que sean necesarias.

El bioquímico ganador del premio Nobel Joseph Goldstein acuñó el término "PAGOS", que significa "síndrome del investigador académico paralizado". Esta condición ocurre cuando un erudito aprende un conjunto limitado de técnicas y luego se limita a hacer preguntas que se pueden abordar con esas técnicas. También acuñó otro término que me encanta, "coraje técnico", que es la valentía exhibida por los académicos que eligen trabajar en un problema importante y se comprometen a aprender las técnicas necesarias para abordar ese problema. Una de las cosas más importantes que pueden hacer los mentores es modelar el coraje técnico y empujar a sus alumnos a ser audaces para aprender nuevas técnicas y adoptar nuevas tecnologías.

5. Promover la toma de riesgos. Cuando los estudiantes toman clases de laboratorio, generalmente realizan experimentos de libros de cocina con resultados conocidos. En tales experimentos prefabricados, se supone que obtienes un resultado determinado, y si obtienes un resultado diferente, significa que lo arruinaste. Pero la verdadera investigación científica es lo contrario: si obtienes un resultado que no esperabas, a menudo es una señal de que estás en una historia interesante. Sin embargo, perseguir ideas que van en contra de los paradigmas existentes parece arriesgado para muchos aprendices, por lo que los mentores deben fomentar la audacia cuando los proyectos comienzan a moverse hacia aguas desconocidas. Les digo a todos mis aprendices que todo gran investigador debe poseer algún grado de descaro, el término yiddish que vagamente significa "audacia descarada".

Los investigadores que temen correr riesgos nunca alcanzarán su máximo potencial. Una vez cené con un investigador en el campo de la señalización visual que dijo que había hecho un descubrimiento significativo sobre el receptor visual rodopsina algunos años antes. El hallazgo fue tan inesperado que tuvo dudas al respecto y temió publicarlo porque otros también lo dudarían. Se entretuvo y siguió varios estudios tangenciales, sin saber cómo proceder. Finalmente, otros dos laboratorios publicaron el hallazgo de su novela antes que él, por lo que fue descubierto y no obtuvo crédito por su gran descubrimiento. Este fue un caso clásico de un científico que se habría beneficiado de un mentor que alentara más descaro.

6. Modele la perseverancia obstinada. Como se mencionó anteriormente, las tasas de éxito de los experimentos de investigación de vanguardia son bastante bajas. Por lo tanto, la mejor manera de lograr el éxito es hacer muchos experimentos. Sin embargo, es insuficiente decirles a los alumnos que deben trabajar duro para tener éxito. Las acciones hablan más que las palabras, por lo que es crucial que los mentores sirvan como modelos de perseverancia obstinada.

Siempre que uno de mis aprendices me envía un borrador de un manuscrito para enviarlo para su publicación, hago todo lo posible por enviarles el manuscrito editado con el tiempo de respuesta más rápido posible. Si uno de mis aprendices necesita una carta de recomendación, entonces boom , lo hago lo más rápido que puedo. Los tiempos de respuesta rápidos muestran a mis alumnos que les doy una alta prioridad y también les envío el mensaje de que espero tiempos de respuesta igualmente rápidos de su parte.

He escuchado historias sobre mentores que intentan presionar a sus aprendices haciendo un seguimiento de la cantidad de horas que la gente está trabajando u otras tonterías similares. Para mí, estos enfoques son ineficaces y solo llevarán a que los alumnos se sientan estresados. La mejor forma de que los mentores fomenten la perseverancia y el trabajo duro es simplemente modelar ese comportamiento ellos mismos.

7. Empoderar a los alumnos. Las personas alcanzan su máximo nivel de motivación cuando se sienten dueños de su trabajo. Por esta razón, quiero que todas las personas de mi grupo sientan que están persiguiendo sus propias ideas, en lugar de trabajar en un proyecto preparado por mí o por otra persona. Cuando tengo reuniones semanales con mis aprendices, nunca les digo: "Bueno, según estos datos, debes hacer esto y luego aquello". En cambio, les pregunto qué nuevas direcciones les parecería interesante seguir. Cuando escucho una dirección que me emociona, digo algo como: "Vaya, sí, sería interesante explorar eso, ¿no?".De esta manera, mis aprendices están impulsando sus propios proyectos, y mi función es simplemente servir como guía y animadora.

Conozco algunos mentores científicos que crean listas de tareas diarias para los miembros de sus laboratorios. Admito que estoy impresionado con cualquiera que tenga la capacidad intelectual para escribir horarios detallados para un laboratorio lleno de científicos todos los días, pero para mí esto sigue siendo un ejemplo de tutoría ineficaz. Cuando los aprendices son microgestionados de esta manera, carecen de un sentido de propiedad sobre sus proyectos, disminuyendo su motivación y también atrofiando su crecimiento como pensadores independientes. Inevitablemente, los mentores que microgestionan producen pocos o ningún aprendiz que luego alcance el éxito como investigadores principales, ya que a esos aprendices nunca se les permitió extender sus alas intelectuales durante su período de formación y, por lo tanto, no aprendieron cómo desarrollar proyectos.

Además, incluso cuando estos aprendices microgestionados progresan bien bajo la guía cercana de su mentor, nunca desarrollan la confianza que proviene de saber que ellos son realmente los responsables de su propio éxito.

8. Haga hincapié en la narración. Uno de mis mentores clínicos, Mortimer Bader, era un médico de cabecera en el Hospital Mount Sinai que era legendario por desafiar a los estudiantes de medicina a proponer diferentes narrativas que se ajustaran a los hechos de un caso clínico determinado. “Mucha gente piensa que los datos cuentan una historia, pero nada podría estar más lejos de la verdad”, diría Bader. “Los datos son solo datos. Una historia es algo que se impone a los datos ".

La visión de Bader fue crucial para mi desarrollo como médico y más aún para mi eventual evolución como investigador. Cuando tengo reuniones con mis aprendices, no solo quiero que me muestren sus datos; También quiero escuchar una historia que explique los datos. Idealmente, quiero que mis alumnos presenten múltiples historias que puedan explicar los datos y luego propongan estudios futuros que ayuden a discernir qué narrativa está más cerca de la verdad.

Además de su importancia para dar sentido a los experimentos en el día a día, la narración también es importante para un mentor durante años y décadas. Quiero que mis aprendices sientan que son actores clave en una historia en curso que comenzó hace mucho tiempo y ha continuado durante muchos años con numerosos giros y vueltas. La sensación de que eres parte de algo más grande que tú mismo es una de las emociones humanas más poderosas, especialmente cuando sientes que estás contribuyendo a un arco narrativo que se remonta al pasado.

Por esta razón, me encanta contarles a mis aprendices historias sobre generaciones anteriores en mi laboratorio y cómo ciertos estudios realizados en el pasado se conectan con experimentos que están actualmente en curso. Este sentido de una narrativa cohesiva a lo largo de los años motiva a los alumnos, que se sienten emocionados de comprender cómo sus experimentos actuales encajan en el gran esquema de investigación en el campo.

9. Ríase y diviértase. En mi experiencia, cuantas más personas se ríen, más creativas se vuelven, tal vez porque el humor requiere ver conexiones inusuales entre las cosas. Hacer una broma es como hacer un pequeño descubrimiento: tienes un destello de percepción y de repente ves una conexión divertida que no veías antes. La creatividad requerida para el humor puede preparar la mente para otros tipos de creatividad, por lo que bromeo constantemente en las reuniones con mis aprendices, con el tono humorístico, con suerte, preparando el escenario para la inspiración.

Hace unos años, tuve una conferencia telefónica con una empresa farmacéutica sobre una posible colaboración. Estaba en la llamada con cuatro jóvenes becarios postdoctorales de mi laboratorio, y estábamos hablando con cuatro o cinco científicos de la empresa. El líder del equipo científico de la empresa inició la llamada.

“Está bien, profesor Lefkowitz, permítame presentarle a mi equipo. Tenemos aquí a Carlos, que es nuestro director de química, ya Nina, que es nuestra dirección de cribado molecular ... ”

Cuando escuché estas presentaciones, decidí en el acto que no me iba a quedar atrás. Los cuatro jóvenes postdoctorados de mi laboratorio no tenían ningún título, solo eran postdoctorados. Sin embargo, la gente de la compañía farmacéutica al otro lado de la llamada no lo sabía. Cuando fue mi turno de hablar, improvisé una serie de presentaciones.

“Genial, gracias, ahora les presentaré a mi equipo. Tengo aquí a Erin, que es nuestra dirección de purificación de proteínas, ya Scott, nuestro director de espectrometría de masas ... "

Cuando les presenté estos títulos que parecían elegantes, mis aprendices comenzaron a reírse. Afortunadamente, fue una llamada telefónica normal, no una videoconferencia, por lo que las personas al otro lado de la llamada no pudieron ver a todos mis posdoctorados tratando de reprimir su risa. Fue un momento divertido y condujo a una teleconferencia productiva con muchas ideas creativas lanzadas por los miembros de mi grupo.

10. Respete a sus propios mentores . Todo el mundo necesita tutoría, incluso mentores experimentados. Por lo tanto, es importante mantener relaciones sólidas con los mentores anteriores, de modo que puedan servir como cajas de resonancia para cualquier problema de tutoría o problemas profesionales que puedan surgir. A lo largo de los años, busqué a mis mentores en reuniones nacionales o, a veces, simplemente los llamé de la nada para discutir varios temas. A su vez, muchos de mis alumnos, que ahora son mentores establecidos por derecho propio, me llaman regularmente para hablar sobre varios temas relacionados con sus grupos de investigación.

Ser mentor no es algo que se hace solo durante un par de años mientras alguien trabaja con usted; el puesto de mentor es un nombramiento de por vida, muy parecido a ser padre. Siempre estoy encantado de ponerme al día con mis aprendices anteriores y brindarles toda la información que pueda para ayudarlos en las diferentes etapas de sus carreras.

Ahora tengo la edad suficiente para tener cientos de hijos científicos (es decir, antiguos aprendices de mi laboratorio) y probablemente miles de nietos y bisnietos científicos (es decir, los aprendices de mis aprendices). Cuando asisto a reuniones estos días, me encanta charlar con miembros de mi familia científica. Siento mucho placer al ver todo el trabajo emocionante que realizan mis aprendices y las formas en que están pasando la antorcha, incluida mi filosofía sobre el arte de la tutoría, a la próxima generación de científicos.

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